La sangrienta conquista del Polo Sur (texto) Imprimir
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Sábado, 27 de Octubre de 2012 14:23

LA SANGRIENTA CONQUISTA DEL POLO SUR. CENTENARIO DE AMUNDSEN

Scott y Amundsen

Una matanza de perros para conseguir alimento permitió al explorador noruego alcanzar el Polo Sur por primera vez hace ahora 100 años. El sacrificio hizo que la expedición llegara 34 días antes que Scott.

Roald Amundsen (1872-1928) era metódico, cuidadoso y calculador hasta rozar el comportamiento obsesivo. Con solo ocho años ya se enfrentaba a su madre  para poder dormir con la ventana abierta en el invierno de su Noruega natal. Quería acostumbrarse a los fríos extremos con los que se encontraría en sus futuras conquistas polares. Estaba convencido de que escribiría una de las páginas principales principales de la historia de la exploración de los grandes hielos.

El 14 de diciembre de 1911, Amundsen, acompañado por cuatro expedicionarios y seis perros, se convertía en el primer hombre en llegar a los 90 grados de latitud Sur, el Polo Sur geográfico, situado en el corazón de la Antártida.

“Habíamos llegado ahora a uno de los puntos más críticos de nuestro viaje”, relata el propio Amundsen en la obra “Polo Sur: relato de la expedición noruega a la Antártida a bordo del “Fram” (1910-1912), en la que cuenta en primera persona los detalles de la conquista del continente helado. “La distancia que teníamos ante nosotros, desde este lugar hasta el Polo Sur y vuelta era de 683 millas (1100 km).  Deberíamos ser capaces de alcanzar este punto de nuevo con 12 perros menos. Teníamos en ese momento 42. Nuestro plan era llevar los 42 perros hasta la meseta, allí 24 de ellos tendrían que ser sacrificados, y el viaje continuaría con 3 trineos y 18 perros. De esos ´últimos 18 animales, sería necesario, en nuestra opinión sacrificar a 6 más para poder traer a los otros 12 de vuelta hasta este punto.” Era 14 de noviembre y en este punto la expedición había alcanzado los 84 grados de latitud sur.

Aún le faltaba un mes para lograr la nueva hazaña. Pero los acontecimientos demostraron que los cálculos del explorador noruego eran correctos. Tal y como  preveían, ascendieron hasta la meseta polar-a la que bautizarían como Meseta del rey Haakon VII, en honor al entonces monarca de Noruega- el 21 de noviembre y allí montaron un campamento que quedaría para la historia bajo el nombre de la “carnicería”. La matanza de 24 perros en aquel refugio  permitió alimentar a los animales restantes durante el resto de la  expedición y a los cinco aventureros en la última parte del trayecto.

El uso de perros fue una de las claves de la victoria de Amundsen sobre la expedición británica comandada por el capitán Robert Falcon Scott, que alcanzó el Polo Sur 34 días después y pereció, junto a todo su equipo, en el regreso al barco.

Los héroes de la Antártida

EN DEUDA CON LA HISTORIA: pero la historia de la conquista polar ha quedado ligada  a la defensa de algunos de los errores de Scott, por ser entendibles en su tiempo, y deja un regusto amargo sobre la estrategia calculada por Amundsen de sacrificar a los mismos animales a los que se refiere en sus diarios con cariño y  llamando a cada uno con su nombre.

Sea cual fuese la deuda que la historia tiene con Scott, quizá relacionada con la agresividad y beligerancia contra la expedíción noruega de los textos del cronista de la expedición británica Apsley Cherry-Garrardl, la táctica de Admunsen fue acertada y el noruego se convirtió en el primer hombre en pisar el Polo Sur.

Antes de sus éxitos en la Antártida, el explorador noruego ya había sido protagonista de la primera navegación a bordo del velero “Gjoa” del Paso del Noroeste, que conecta por el Ártico los océanos Atlántico y Pacífico. Además, había descrito la posición del Polo Norte magnético.

El Ártico era el objeto real de sus pasiones. La conquista del Polo Sur ocurrió casi por casualidad. Amundsen llevaba años preparándose para alcanzar el Polo Norte cuando se enteró por carta de que Robert Peary ya había logrado esa hazaña.  Fue precisamente en ese momento cuando decidió apostar por el continente helado.

No obstante, antes necesitaba una embarcación que le permitiera realizar el viaje. Casi dos décadas antes, Fridtjof Nansen, el otro gran explorador noruego y contemporáneo de Amundsen, había construido un barco especialmente equipado para soportar la navegación entre el hielo, el “Fram”. Su intención era llegar al Polo Norte dejándose llevar por las corrientes que empujan las masas de hielo en el océano Ártico. La idea de Nansen resultó ingenua. Pero cambió la mentalidad de la sociedad noruega, que por primera vez se veía capaz de ser protagonista principal en la exploración de los Polos. En junio de 1910, la expedición de Amundsen partía del  puerto de Oslo a bordo del “Fram”.

Pero con Nansen no solo compartía el buque usado para su viaje. Al igual que su compatriota, había  aprendido de los esquimales Sami del norte  de Noruega las técnicas de la alimentación y las claves para moverse por los ambientes polares y para soportar las inclemencias meteorológicas. Y a la postre, estas enseñanzas resultaron fundamentales en la victoria de Amundsen en la carrera por el Polo Sur.

De ellos aprendió el uso de perros y trineos y de pieles de animales como vestimenta. En cambio, su rival Scott utilizó caballos mongoles-unos animales de pequeño tamaño y bien aclimatados al frío-en lugar de perros y lana en lugar de pieles de reno como vestimenta para mantener el calor y la ventilación.

En el diario manuscrito de Roald Amundsen, más de 1000 páginas conservadas en la Biblioteca Nacional de Noruega en Oslo y recién traducidas al inglés, el explorador no para de preguntarse por qué la expedición británica se resiste al uso de perros y pieles de abrigo. Además, se muestra muy poco partidario del uso de los caballos mongoles y los trineos a motor que Scott utilizó en su tentativa.

 

Otro de los aciertos de la campaña noruega también tuvo que ver en las enseñanzas de los esquimales lapones Sami: la construcción de iglús  y cuevas en la nieve. Gracias a esta habilidad Amundsen y sus hombres salpicaron de depósitos de alimentos buena parte de la ruta hacia los 90 grados de latitud Sur durante los meses de preparación previos al asalto definitivo al corazón de la Antártida.

“El 10 de febrero de 1911 empezamos por el Sur a establecer depósitos y seguimos hasta el 11 de abril”, comienza el relato de la expedición escrito por Amundsen en 1912. “Formamos tres almacenes y dejamos allí tres toneladas de provisiones”.

El cálculo de las raciones de comida y su reparto dan idea de lo metódico y obsesivo que podía resultar el expedicionario. “Todos nuestros víveres estaban  divididos de forma que pudiéramos contarlos sin  necesidad de pesarlos. Nuestro “pemmican” (una especie de barritas energéticas primitivas e hipercalóricas fabricadas con una masa de carne seca pulverizada, bayas desecadas y grasas) era en raciones de 2 Kg. El chocolate estaba dividido en pequeñas piezas, como siempre es el chocolate, de modo que sabíamos exactamente lo que pesaba cada pieza. La leche en polvo estaba en bolsas de 102 onzas (cada onza son 28,35 gramos), justo lo suficiente para una comida. Nuestras galletas tenían la misma propiedad y podían ser contadas, pero era una labora tediosa porque eran bastante pequeñas. En una ocasión tuvimos que contar 6000 galletas.”

Después de varios intentos fracasados-que demostraron que Amundsen era muy ambicioso, pero que sabía cuándo retirarse-y de la expulsión de dos hombres de la expedición final, el 20 de octubre de 1911 partían los cinco hombres que habrían de conquistar el Polo Sur. En total, el viaje sería de 1300 km por el hielo inexplorado de la Antártida. Amundsen escribió el 14 de diciembre en su diario: “Pusimos la bandera en el Polo Sur geográfico, en la meseta Rey Haakon VII ¡Gracias a Dios!”

En realidad, dejaron la bandera y algo más. Conscientes de que la expedición británica habría de pasar por el campamento montado por ellos, Amundsen dejó en el interior de la tienda una carta para el rey Haakon VII, en la ue hacía alusión a Scott. “Presumí que sería el primero en pasar por allí después de nosotros”. Era la forma de gritarle al británico : ¡Hemos ganado!

Algunas de sus descripciones dan idea de la efectividad de la aclimatación del explorador durante su niñez: “El tiempo fue muy favorable, con calmas y vientos leves. La temperatura mínima en este punto fue de 40 grados bajo cero, el 4 de marzo de 1911.”

Un año después, Amundsen reflexionaba desde el puerto de Brisbane (Australia). “Aquí estoy, sentado a la sombra de las palmeras, rodeado de la más maravillosa vegetación, disfrutando de las más suculentas frutas y escribiendo la historia del Polo Sur”. Era el 13 de abril de 1912, hacía solo dos días que había terminado la expedición en la que un ser humano  conquistaba por primera vez el Polo Sur terrestre. Había logrado su sueño.

90 GRADOS SUR

Tras la conquista del Polo Norte, los exploradores Scott y Amundsen centraron su objetivo en el Polo Sur. El noruego Roald Amundsen y su equipo fueron los primeros en alcanzar los 90 grados sur. Scott llegaría 35 días después pero no viviría para contarlo.

CRONOLOGÍA

1910: 3 de junio, zarpa la expedición de Amundsen de Oslo a bordo del “Fram” que significa adelante en noruego.

1911: 14 de enero, instala el campamento base, Framheim, en la Bahía de las Ballenas, en la barrera de hielo de Ross. 8 de septiembre, salida hacia el Polo Sur de una expedición formada por ocho personas. Día 20 de octubre, salida definitiva de un equipo de cinco personas (Amundsen, Bjalaand, Hanssen, Hassel y Wisting). Día 23 de octubre, alcanzan el puesto de latitud 80 grados. Día 5 de noviembre, llegan al último puesto de latitud 82 grados.

COMPOSICIÓN DE LA EXPEDICIÓN

Dentro de los planes de logística de Amundsen estaba el sacrificar a 24 perros para poder alimentar a los otros perros y a los miembros de la expedición, y conservar la comida para la vuelta. Esta decisión, no tomada por Scott por motivos éticos, fue motivo de gran polémica. La expedición la componían 4 trineos, 5 expedicionarios, 52 perros (de los que sobrevivieron 11). Cada trineo era tirado por 13 perros. Un perro en solitario, denominado líder, dirige el trineo.

RACIÓN DIARIA: la comida diaria de cada expedicionario consistía  en 380 g de galletas, 350 g de pemmican (comida concentrada: masa de carne pulverizada, bayas desecadas y grasas), 40 g de chocolate y 60 g de leche en polvo.

EL “FRAM”: Para su viaje a la Antártida Amundsen utilizó el “Fram” cedido por el también explorador noruego Nansen. Especialmente diseñado para resistir la presión lateral de los hielos, recorrió anteriormente el Ártico con Nansen y el archipiélago ártico canadiense con Sverdrup.

PERROS DE GROENLANDIA: los trineos eran tirados por perros de Groenlandia, emparentados con los perros empleados por los esquimales de Alaska, Canadá y Siberia. A diferencia de Scott, que también eligió ponis de Siberia, Amundsen apostó para su desplazamiento  únicamente por perros.

EL TERMOSTATO DEL PLANETA

Antártida

Lejos han quedado los tiempos de las carreras por conquistar los Polos. El profesor de investigación del CSIC y excelente conocedor de la Antártida  Carlos Duarte da en el clavo cuando asegura que cada vez está más claro que “las zonas polares ya no son los confines remotos del Planeta, sino los termostatos con los que mejor evaluar su salud”. Las zonas polares regulan el clima terrestre, pero también sufren más que otros lugares el calentamiento global, lo que puede tener un efecto perverso. El deshielo de continentes helados como la Antártida o Groenlandia podría provocar una gran subida del nivel del mar a escala global.

Última actualización en Sábado, 28 de Diciembre de 2019 14:59