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Chicles: golosina del diablo PDF Imprimir Correo
Escrito por Administrator   
Lunes, 17 de Diciembre de 2012 19:50

CHICLES: GOLOSINA DEL DIABLO (DE LA FÁBRICA AL SUELO)

ES LA CHUCHERÍA MÁS CONSUMIDA Y TAMBIÉN LA MÁS LANZADA AL SUELO. SE DESTINAN MILLONES DE EUROS A LA LIMPIEZA  Y EN ALGUNAS CIUDADES  SE HA CONVERTIDO EN TAL PLAGA QUE SE HA PROHIBIDO SU VENTA. VISITAMOS LA FÁBRICA DE CHEIW PARA CONOCER CÓMO SE ELABORA UN CHICLE Y FOTOGRAFIAMOS EL FIN MÁS COMÚN DE ESE VICIO TAN PEGAJOSO.

La historia de Sara y Juan

Patrullan todas las grandes ciudades, de día y de noche, en la superficie o debajo de ella, intentando frenar la plaga que amenaza con plastificar los adoquines de nuestro país. Guerra al chicle. Una plaga negra y silenciosa-hasta que  alguien pisa alguno demasiado fresco-, que combaten con ráfagas de vapor a 150 grados y posterior golpe de espátula. En el mejor de los casos, hacen desaparecer 1800 cada día, mientras que la plaga se extiende a un ritmo de 20 por metro cuadrado al mes.

¡Estos japoneses!

Las brigadas de limpieza  españolas siguen teniendo en el agua su principal arma para luchar contra el chicle, un pequeño trozo  de goma que llevamos milenios utilizando para, entre otras cosas, completar la higiene bucal, matar el hambre e, incluso, combatir la desnutrición, y que, a buen seguro, no merecería tan incívico fin.

EN LOS ANALES DE LOS TIEMPOS

La común pregunta “¿tienes un chicle?”, que tan actual parece, se pronunciaba ya miles de años antes de Cristo. Concretamente, nueve milenios tiene la goma de mascar más antigua encontrada hasta el momento: un trozo de resina de abedul con marcas de dientes hallado en Suecia.

Efectivamente, la goma de mascar, el hacha de sílex y el taparrabos son contemporáneos. Los griegos usaban con el mismo fin la resina de un árbol llamado mastic; mientras que los mayas obtenían la suya del chicozapote. La bautizaron sicte, nombre que los aztecas cambiaron por Tzictli, de donde deriva la palabra chicle.

Cómo se hace el chicle

John B. Curtis, allá por 1848, se convirtió en el primer comercial  del sector, pero no fue él sino William Finley Semple, quien registró la patente  el 28 de diciembre de 1869. Ese mismo año, Antonio López de Santa Anna, controvertido dictador  y militar mexicano introdujo el látex  de zapodilla en EE.UU., aunque con un uso bien diferente al que se le da ahora. Santa Anna aprovechó su exilio en el país norteamericano para asociarse con el industrial Thomas Adams e intentar vender el látex como sustitutivo del caucho para la fabricación de neumáticos.

El intento fracasó y Adams tuvo que comérselo… y se lo ofreció  a farmacéuticos de la costa este de EE.UU. con su antiguo uso, el de goma de mascar. Dos años más tarde, el empresario patentaría la máquina de producir chicle. Todavía no tenían sabor, pero no tardarían en adquirirlo: en 1888, Adams lanzaba su chicle tutti frutti para venderlo en las máquinas expendedoras del metro de Nueva York. Así, se convirtió en el fundador de una industria cuyo crecimiento resultó tan elástico  como el propio  producto: en 2003, Chicles Adams se vendió a Cadbury Scheweppes  por 4200 millones de dólares.

Desde su invención hasta hoy, lo que sí han cambiado son los ingredientes. Aunque se puede encontrar chicle fabricado con resinas naturales, la mayoría se produce a partir de componentes sintéticos. La goma base constituye el 20% del producto  y es el secreto de su éxito, razón por la cual ningún fabricante revela su fórmula. Se sabe que contiene elastómeros que afectan a la elasticidad del producto final, y resinas que determinan la pegajosidad y permiten hacer globos de mayor o menor tamaño.

PROCESO DE FABRICACIÓN

Las ceras, las parafinas y los aceites hidrogenados determinan la dureza de la mezcla, y los emulgentes y antioxidantes la mantienen húmeda y alargan su vida, respectivamente. Es la proporción de estos ingredientes en la base la que diferencia a unos chicles de otros.

La española Cafosa es uno de los principales proveedores de goma base del mundo. No se permiten visitas a sus instalaciones ni se desvela información sobre la composición del producto, hecho a medida para cada fabricante de chicle. Cuando estos reciben la goma base, tiene aspecto de ladrillo blanco e inflexible que no invita a mascarlo.

Un horno se encargará de ablandarla para que los operarios puedan manipularla. Luego se vuelca en una amasadora y se añade el ingrediente más importante  en lo que a cantidades se refiere, el azúcar, que constituye el 60% de la masa final. El edulcorante lo ha sustituido en la versión light que ha monopolizado el mercado: los chicles light representan el 38% de los que se consumen, mientras que la versión más azucarada alcanza solo un 3% del total.

 

En ese estadio, la masa ya se podría mascar, pero es necesario algo más para poder convertir nuestra boca en un jardín tropical: sabor. El aroma se añade junto al colorante y los humectantes-que mantienen la masa blanda-en último lugar. Una vez que la mezcla alcanza una temperatura adecuada, se descarga de la amasadora, se da forma, se corta y, finalmente, se envuelve.

VICIO MUNDIAL

Boomer

Y así, limpios y relucientes, salen cada año, de las distintas  fábricas de chicle del mundo, unos 374000 millones de unidades. Turquía es, con 60 empresas, el mayor productor. De todas las golosinas fabricadas en España, el 41% son chicles. Todo ello tiene un gran impacto económico ya  que la fabricación de golosinas aporta 6000 puestos de trabajo y en 2008 generó más de 737 millones de euros en ventas.

Según datos de Caychi, el 50,6% de los adultos mayores de 16 años consumen chicles y golosinas regularmente. Este porcentaje aumenta hasta aproximadamente el 76% en la franja de los 16 a los 25 años, una media de tres kilos de caramelos y chicles por español y año, lo que nos sitúa como cuarto país consumidor, por debajo de Reino Unido, Dinamarca y Alemania. Nos gustan tanto los chicles que el olor a caramelos y chicles es el que más asociamos a nuestra infancia, por encima de la comida de la abuela.

¿Por qué  seguimos siendo tan aficionados a la goma de mascar? Por ejemplo, porque ayuda a disimular costumbres alimenticias demasiado especiadas, u otros hábitos poco saludables. Se afirma que ayuda a calmar ansiedades, y a mantenerse despierto al volante. E, incluso puede ayudar a adelgazar como se desprende de estudios realizados en EE.UU., según los cuales masticar chicle durante una hora relajadamente hace que consumamos 62 calorías menos durante el almuerzo. Eso sí, el chicle sin azúcar. Más inverosímil resulta el supuesto uso militar que Hamas atribuyó a un chicle proisraelí, que, distribuido por el ejército  sionista entre los jóvenes palestinos, tendría efectos afrodisíacos en los distraerían en la Intifada.

MALAS PRÁCTICAS

Un chicle tarda cinco años en biodegradarse. No es mucho si lo comparamos con los 100 que necesita una botella de plástico, pero, mientras estas suelen desaparecer de nuestra vida, los chicles quedan pegados en el suelo u otras superficies como testimonio de una falta de civismo cuya limpieza cuesta, por unidad, según el Ayuntamiento de Barcelona, 0,60 céntimos.

Su presencia se ha convertido en una pesadilla para muchas ciudades y en el Reino Unido el costo anual para eliminar  los chicles de calles, plazas y monumentos es de 150 millones de libras. Cifras similares llevaron a Singapur a prohibir y penar con cárcel su consumo y venta en 1992. Presionado por EE.UU., el país asiático levantó el veto en 2004, pero solo para 19 tipos de chicle de uso médico que se compran con receta.

Muchos ayuntamientos españoles, La Coruña o Valencia, sancionan el vertido de chicle en la calle con multas de 750  a 3000 euros.

Dada la poca efectividad de sanciones y prohibiciones, la vuelta a las raíces podría ser la solución, la del árbol chicozapote. El Consorcio Chiclero que reúne a alrededor de 2000 productores de goma de mascar de la selva tropical maya, ha fabricado un chicle orgánico que se degrada en seis semanas. Es el chizca, creado a partir de la savia del árbol mexicano. De momento se comercializa solo en Inglaterra, pero es posible que los ayuntamientos españoles tengan que echar pronto mano de él.

 

“Magazine” “El Mundo”

 

Última actualización en Viernes, 28 de Diciembre de 2018 20:27
 
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