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Del amor al odio: la otra cara de la ciencia PDF Imprimir Correo
Escrito por Administrator   
Martes, 24 de Febrero de 2015 09:47

Las cartas entre Einstein (1879-1955) y su primera esposa, Mileva Maric (1875-1948), demuestran que ella fue la consejera e interlocutora a la hora de crear las teorías que harían famoso a Einstein y, según algunos estudiosos de la obra de él, que aportó muchas de las ideas fundamentales.

Son muestra, además, de que aunque él llegó a detestarla la quiso en un principio y la admiraba por su inteligencia y su libertad de espíritu. “Somos uno”, llegó a escribir Albert Einstein en los primeros tiempos o “Estoy solo con todo el mundo salvo contigo”.

Se conocieron en 1896, el año en que ambos entraron en el Instituto Politécnico Federal de Zurich. Ella, cuatro años mayor que él, era la única mujer de la sección de matemáticas.

En 1900 él obtuvo el diploma de la Politécnica, pero ella no. A pesar de todo, la formación matemática de Mileva era superior a la de Einstein.
Antes de casarse tuvieron una hija, Lieserl, nacida en enero de 1902. Su pista se pierde y, no se sabe si por culpa de tanta oposición  a la boda de los padres de él o por las circunstancias adversas, parece ser que fue entregada en adopción.

Einstein se trasladó a la ciudad suiza de Berna, donde consiguió un empleo en una oficina de patentes. La pareja se casó finalmente a principios de 1903 y tuvieron su primer hijo, Hans Albert, al año siguiente. Su segundo hijo, Eduard, nacido en 1910, sufrió durante toda su vida importantes desórdenes psíquicos y murió en un manicomio.

Los frutos del trabajo de Einstein-tres descubrimientos fundamentales, entre ellos la teoría de la relatividad-fueron publicados en 1905. En 1908, Einstein consiguió un puesto de profesor en la Universidad de Berna. En cuanto a Mileva, abandonó definitivamente la física.

Después de una convivencia insostenible en la que él le puso unas estrictas normas de conducta, Mileva y Albert se separaron en 1914, y ella volvió a Zurich con sus dos hijos. Se divorciaron en 1919.

“Cuando un hombre se sienta con una chica guapa durante una hora, le parece un minuto. Pero si se sienta en una plancha caliente durante un minuto, le parecerá más largo que una hora. Eso es la relatividad”, decía el genio.

Poco después se volvió a casar con su prima Elsa, una mujer que no tenía ningún conocimiento de ciencia, pero que tenía tres buenas cualidades: era complaciente y dócil, le adoraba y gustaba a la familia de Albert. También se encargó de organizar las visitas de forma que no le molestaran excesivamente.

Con el tiempo, Mileva y Albert consiguieron tratarse con una cierta normalidad. Él, que le había prometido en Nobel de Física si se divorciaba, regresó a Zurich en 1921 para darle su parte a ella.

LA CARTILLA DE MILEVA

De amarla con locura, Einstein pasó a no poder soportarla. A su prima Elsa, quien se convertiría después en su segunda esposa, le escribió que trataba a Maric como “ a una empleada a la que no puedo despedir”.

Para poder convivir en paz, Einstein puso unas estrictas normas a su mujer:

A) “Te encargarás de que: 1.-mi ropa esté en orden, 2.-que se me sirvan tres comidas regulares en mi habitación 3.-que mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y que mi escritorio no sea tocado con nadie, excepto yo.

B) Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, expecto cuando estas se requieran  por apariencias sociales. En especial no solicitarás que: 1.-me siente junto a ti en casa, 2.-que salga de viaje contigo.

C) Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuando estés en contacto conmigo: 1.-no deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello, 2.-deberás responder de inmediato cuando te hable, 3.-deberás abandonar el dormitorio o el estudio y sin protestar cuando yo te lo diga.

D) Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho.”

Última actualización en Miércoles, 02 de Enero de 2019 12:13
 
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