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El hada de las mariposas PDF Imprimir Correo
Escrito por Administrator   
Domingo, 16 de Junio de 2013 21:25

“En las paradisíacas selvas brasileñas existe un hada buena, con alas de mariposa de cristal  y varita de oro, que habla con las flores, los pájaros y las mariposas. Una mañana de sol radiante, como casi todas, despertó de sus felices sueños, se abrió la flor en que dormía y se encontró con que una fea oruga roía las hojas de la orquídea en que ella habitaba. La primera reacción fue pegarle con su varita y convertirla en el monstruo de la selva, pero como la vio tan fea, pensó que ya estaba castigada, y le preguntó:

-Pobre y feo gusarapo,  ¿qué delito has cometido para que la naturaleza te trate así?

Pero la oruga no se inmutó y le respondió:

-Este dichoso traje que llevo es una coraza defensiva, para que los pájaros y otros enemigos no seme acerquen y coman, porque mi especie es muy rara y al final me convertiré en la más bella de las mariposas.

-Bueno-dijo el hada, pero no te comas todas las hojas de esta orquídea que es mi morada; ahora me voy a tocar otras flores para que se abran y den su gotita de miel para que desayunen los colibríes, que son mis caballitos. Y montando en el primero que pasó, se fue tocando las flores que a su paso se abrían sonrientes y le daban los buenos días.

La minúscula hada de los bosques tenía tanto trabajo que no regresaba hasta el anochecer, cuando se acercaba el momento de la eclosión de las mariposas, pero una tormenta tropical la obligó a refugiarse  bajo la hoja de la colocasia, donde el colibrí, o besaflor, como se llama en Brasil, tenía cosido su nido, y pasaron la tormenta comentando lo abundantes que serían ese año las mariposas, a juzgar por las muchas crisálidas que había por todas partes.

El hada se asomó al nido en que la señora besaflor se encontraba incubando cuatro diminutos huevecillos, a punto de romper el cascarón, y le dijo:

-Date prisa, que si salen pronto tendrán néctar abundante, antes de que las voraces mariposas lleguen. Porque debéis saber que colibríes y mariposas viven del néctar de las flores, y que hay mariposas tan grandes que podrían llevar en sus alas media docena de colibríes, aunque éstas no suelen alimentarse en el poco tiempo que viven.

Cuando terminó la tormenta todavía no pudieron salir, porque el torrente de agua seguía bajando de las copas y las ramas de los árboles como si de ellos naciera. Pero apenas el sol desparramó sus rayos, toda la selva brilló como si la hubieran regado con diamantes y esmeraldas.

El hada de las mariposas brilló con sus alas de cristal, tocando con su varita de oro todos los racimos de capullos de las orquídeas, lirios, anémonas, y un sinfín de plantas que se asomaban a toda prisa para ser las primeras en las fiestas de las mariposas que el hada anunciaba.

Cuando llegó la noche, el hada se hallaba muy lejos de su orquídea preferida y pidió a las luciérnagas que le fueran mostrando el camino de regreso, cosa que hicieron con mucho gusto. Una campanilla de pétalos anacarados y luz fosforescente la estaba esperando para acompañarla en su sueño y vigilar que los pesados mosquitos no la molestaran en su sueño.

Cuando la aurora anunció la venida del día, un aletear multicolor la despertó y, desperezándose, preguntó:

-¿Es que ya es el día de la eclosión de las mariposas?

Y  la campanilla le contestó:

-Sí, y éstas son las emisarias que vienen a darte escolta para ir despertando a las demás crisálidas que esperan el toque de tu varita mágica.

Tomando como desayuno una gota de néctar del cáliz de una flor y un sorbo de rocío, salió disparada, y fue tocando con su varita el sinnúmero de crisálidas que pendían de un hilo y que pronto formaron una escolta de todos los tamaños y colores que se puedan imaginar. Pero de pronto se encontró con un enorme ovillo de seda rosada que pendía de la gran hoja de una colocasia y todas las mariposas hicieron un círculo a su alrededor, mostrando que era preciso despertar a aquella gran crisálida.

El hada, con un poco de miedo porque el tamaño de la bola  de seda rebasaba con mucho el suyo, tocó con su varita…; se fue abriendo con un hilillo rojo aquella maravilla y empezó a salir una bellísima y grandiosa mariposa de alas azules, como de raso celeste. Cuando pudo hablar dijo a su hada:

-Yo soy aquella fea oruga parda y con espinas que encontraste el otro día, soy la gran pirala o borboleta, reina del Brasil, que se disputan todos los museos de Ciencias Naturales del mundo.

Y  el hada, quitándose  la corona, la ciñó en la cabeza de la gran borboleta azul del Amazonas, que quedó convertida en reina y hada de todas las mariposas.”


 
Rohollah Balvardi
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