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Escrito por Administrator   
Lunes, 25 de Marzo de 2013 15:21

 

HOMO URBANUS: EL HOMBRE EVOLUCIONA A PEOR

LAS ÚLTIMAS INVESTIGACIONES REVELAN CAMBIOS EN EL CUERPO HUMANO, QUE SE ESTÁ VOLVIENDO MÁS ENDEBLE AL ADAPTARSE A LA VIDA URBANA. TANTO LOS HUESOS COMO LA MASA MUSCULAR SE HAN VUELTO MÁS FRÁGILES EN LOS ÚLTIMOS 30 AÑOS.

 

Todos los seres vivos de la tierra están en proceso de evolución continua. Y también el ser humano. La especie más prolífica del planeta sigue siendo esculpida por un proceso de evolución natural. Son pequeños cambios en el esqueleto, el cerebro, el sistema inmune, las hormonas o la sangre que van surgiendo como consecuencia de nuevos estilos de vida y nos van haciendo más vulnerables a algunas enfermedades y menos a otras. Hay investigaciones que defienden que la especie, aunque vive más, se debilita biológicamente. Según otros, sencillamente, nos hacemos diferentes.

El debate científico está en determinar hasta qué punto estas transformaciones del cuerpo son cambios evolutivos constantes o serían reversibles si cambiáramos los hábitos de vida. “Para que haya selección natural, es decir, adaptación al medio, es preciso que funcione la supervivencia y la reproducción sin intervenciones. Pero ahora, la mortalidad infantil es reducida y también controlamos la fertilidad”, apunta el biólogo evolutivo Jaume Bertranpetit. Más categórico, el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga sentencia: “Para que haya evolución debe haber una mortalidad infantil espantosa y salvo en fetos con taras, que no se desarrollan, ya no ocurre, y menos en el primer mundo”. Pese a ello los expertos coinciden en mencionar algunos cambios llamativos. Uno de los más conocidos es la mutación genética que permitió a los “Homo Sapiens” consumir leche después de la infancia, el único mamífero capaz de hacerlo. El cambio se produjo cuando aquellos cazadores y recolectores, surgidos en África hace 200000 años se sedentizaron e iniciaron el pastoreo. Por selección natural, ganaderos del Neolítico, en la región de los Balcanes y el Nilo, siguieron sintetizando la enzima que rompe la lactasa. Aún hoy, muchos pueblos mantienen esa intolerancia.

 

Científicos como el paleontólogo catalán Jordi Agustí, aluden a la “deriva genética”, o el azar, y a la selección natural para explicar modificaciones que califica de menores porque no afectan a la supervivencia de la especie, como ocurrió en el pasado. Un ejemplo es la pérdida del tercer molar, que fue necesario cuando los sapiens comíamos muchas más plantas.

Para concretar otros cambios morfológicos, los investigadores han recurrido a estudios comparativos entre humanos modernos, momias y fósiles prehistóricos, Christopher Ruff, de la Universidad John Hopkins, ha sometido a rayos X a un centenar de huesos de piernas de antepasados de hace tres millones de años, de indígenas precolombinos (anteriores a la llegada de Colón) y de africanos y americanos del siglo XX. Su conclusión es que desde hace dos millones de años hasta hace 5000, perdimos el 15% de la densidad ósea y desde entonces hasta hoy llevamos otro 15%. La explicación: al perder el peso de la musculatura porque hay más máquinas y hacemos menos esfuerzo físico, los huesos se encogen  y se hacen más gráciles.

Ahora bien, si volviéramos a hacer ejercicio físico, el hueso volvería a engrosarse. De hecho, Antonio Rosas, paleontólogo del Museo de Ciencias Naturales, asegura que por el peso es capaz de distinguir “un cráneo urbano de otro rural”. “Desde hace 30000 años hemos perdido estatura e incluso el encéfalo es menor. Ahora un cráneo de un ciudadano europeo es más endeble que uno africano; lo noto al peso, y por falta de uso llega la descalcificación y las contracturas. La especie es más endeble”, asegura.

Esta misma semana, un estudio de Martha Lahr, de la Universidad de Cambridge, confirma sus conclusiones: el ser humano ha perdido un 10% de su cerebro en los últimos 30000 años, y han perdido más los hombres que las mujeres. Para Lahr la explicación está  en que el cerebro, que consume mucha energía, es así más eficiente porque no pierde capacidades. Rosas, por su parte, cree que se debe, sencillamente a que su tamaño va en relación con el del cuerpo, y que ahora es más pequeño.

También se han detectado cambios en las huellas dactilares y un aumento en los casos de espina bífida que también podría estar relacionado con un esqueleto más grácil. Pero es en el sistema inmune  donde la evolución es más evidente. El biólogo Carlos Lalueza-Fox(CSIC) recuerda que hasta hace 100 años, sin vacunas, enfermedades como el sarampión, eran factores de selección como ahora lo son el cáncer o el sida: “Ahora la medicina permite sobrevivir  a personas que habrían muerto de infecciones. También sabemos que hay genes resistentes al sida en África y que, en 10000 años, si no hubiera fármacos, el VIH dejaría de ser un problema gracias a la selección natural. Por otro lado, tenemos hoy una dieta calórica, hipertensión, diabetes… Son otras fuerzas selectivas  y no sabemos adónde van”, apunta.

La biología evolutiva, por otro lado, ha descubierto que hay variaciones en los genomas humanos. Científicos de Yale han detectado, por marcadores de ADN, que hay cinco grupos de humanos, correspondientes con los cinco continentes y diferencias entre razas que implican patrones distintos ante la enfermedad. Por ejemplo, la mutación  de la anemia falciforme , que protege de la malaria, predomina en África, y la mutación que causa  un desorden en el metabolismo del hierro está en el 7,5 % de los suecos, pero no afecta ni a indios ni a chinos.

Arsuaga pone otro ejemplo, el de los tibetanos. “Tienen unos genes  que los adaptan a vivir en la altura. Al principio se pensó que su sangre transportaría más oxígeno, es decir, que su hematocrito sería alto, lo que es peligroso para la salud; pero no es así, su sangre es fina porque es una mutación y los niños tibetanos nacen sin problemas de peso”.

Rosas recuerda que somos 7000 millones y muchos vivimos hacinado en ciudades, adaptándonos por “pura interacción entre los patógenos que nos transmitimos”. Saber hacia donde nos lleva esta selección cultural… sigue siendo un misterio.

El cerebro humano y su evolución

DESDE QUE LA ESPECIE SE SEDENTARIZÓ HA PERDIDO TANTA MASA ÓSEA COMO EN LOS ANTERIORES DOS MILLONES DE AÑOS.

UN CUERPO EN CAMBIO CONSTANTE

EL ORGANISMO DEL “HOMO SAPIENS” CONTINÚA SUFRIENDO TRANSFORMACIONES, IMPULSADOS POR CAMBIOS EN LA FORMA DE VIDA, UNA SELECCIÓN CULTURAL QUE IMPIDE LA SELECCIÓN NATURAL

UN DEFECTO  OCULTO.-Una quinta parte de la población podría padecer espina bífida oculta sin saberlo. Las vértebras del sacro no se forman correctamente y aunque no suele presentar síntomas puede provocar problemas de espalda y de salud.

MUSCULATURA.-Hemos perdido masa muscular  respecto a nuestros antepasados, debido a su falta de uso.

CADERAS.-Los hombres primitivos apenas sufrían fracturas de cadera, a pesar de tener una menor esperanza de vida.

HUESOS.-Se han vuelto mucho más frágiles al no tener que soportar una fuerte musculatura. Su diámetro se ha reducido, y también el grosor de su masa externa. Esta debilitación pudo comenzar con el uso de herramientas primitivas, necesitando cada vez menos la fuerza física para sobrevivir.

FÉMUR.-Ha perdido un 15% de resistencia en los últimos 4000 años.

EXPOSICIÓN A ESTRÓGENOS.-El hueso interno sobre los ojos es un 50% más frágil en las mujeres actuales.

HORMONAS.-Menos hijos, la obesidad. La píldora anticonceptiva y las terapias hormonales han expuesto a la mujer a grandes cantidades de estrógenos, favoreciendo la aparición del cáncer de mama.

VASOS SANGUÍNEOS.-Un nuevo vaso, la arteria media, ha aparecido en los brazos de un número creciente de adultos y una sección de la aorta  ha perdido uno de los vasos sanguíneos que riegan la glándula tiroidea.

HUELLAS DACTILARES.-También han variado a través del tiempo. Sus patrones han sufrido modificaciones y nuevos estudios establecen  una relación entre estos cambios  y una seria forma de anemia.

 

Última actualización en Lunes, 09 de Noviembre de 2015 19:11
 
Rohollah Balvardi
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