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Escrito por Administrator   
Lunes, 20 de Octubre de 2014 19:19

CELOS 2.0


EL MÓVIL Y LAS REDES SOCIALES SON LA NUEVA TORTURA DE LOS SUSPICACES


“Miraba sus SMS. Era de locos. Un “Hola, guapa” me amargaba”. Como Pilar, un 60% de los españoles espía el móvil de su pareja. Según otro estudio, el motivo más común para discutir por celos es tener a un ex como

contacto en una red social. Investigadores canadienses creen que Facebook nos está haciendo más celosos. A veces, con consecuencias trágicas.


Lola Fernández. Magazine “El Mundo”


Agárrense que vienen curvas: 25000 personas (30% mujeres y 70% hombres) han sido infieles el mes pasado, según dato de Victoriamilan.es, una web dedicada expresamente a facilitar citas sexuales entre casados. Ya

sabíamos que un 55% de los españoles echaría una cana al aire si su pareja no se enterara, pero del sueño al hecho hay un trecho cada vez más corto.

El 52% de los hombres y el 48% de las féminas  han tenido alguna aventura al margen de la pareja, según Ana Alós, autora de “El discreto encanto de la infidelidad”. Y el peligro de cuernos aumenta en los meses de

verano: al 39,2% de la población le tienta la idea de ser infiel durante los meses de descanso.


No es pues de extrañar, que muchos españoles vivan con la mosca detrás de la oreja. Un  60% de la población mira a escondidas el móvil de su pareja, aprovechando el momento del sueño, de la ducha o una  visita

rápida al súper del barrio.


El informe añade que el  51% de los encuestados reconoce haber sufrido un descalabro amoroso por los celos de su media naranja. Las situaciones que más sospechas levantan tienen que ver con las salidas

nocturnas o entre semana con los amigos; con la buena relación con los ex (siete de cada diez reconocen que este buen rollo les pone  particularmente nerviosos) y con un exceso de horas  frente al ordenador,

trasteando en las redes sociales.
Porque el mundo paralelo del entorno digital complica la cuestión: otro campo de batalla, y enorme, que vigilar. De hecho, proliferan las webs y redes sociales que facilitan la infidelidad, cada vez más populares

gracias a campañas de publicidad que son de todo menos discretas.



La última empresa de este tipo en instalarse en nuestro país ha sido Ashley Madison, que para su aterrizaje se atrevió a usar la imagen de Bill Clinton, el rey Juan Carlos y Carlos de Inglaterra, para promover sus servicios,

que incluyen ciertas garantías de discreción como la eliminación del rastro digital que pueda dejar la infidelidad. Un gran cartel en la Gran Vía madrileña mostraban una foto de los tres sobre la leyenda: “¿Qué tienen

estas realezas en común? Deberían haber utilizado Ashley Madison”. El atrevido reclamo solo duró horas. Suficientes para estar en boca de todo el país.


AQUÍ TE PILLO, AQUÍ TE MATO


“Uno de cada tres hombres y mujeres  en España será infiel a lo largo de su vida”, afirman desde la red de contactos de Second Love, que se lanzó con el eslogan: “La vida es corta. Regálate un second love”.

 

Victoriamilan.es usó el polémico: “¿Estás casada? Revive la pasión: ten una aventura”


Javier, madrileño de 42 años y profesor de Secundaria, es usuario de Mi Romance Secreto, otra de estas plataformas para infieles que proliferan en la Red. “Llevo ocho meses conociendo gente a través de la web y

hay de todo… Lo que más, hombres solteros que buscan sexo. Lo que menos, mujeres. Luego estamos los infieles, los que tenemos pareja… Yo he quedado con dos chicas y bien, aquí te pillo, aquí te mato. No repetí.

No busco tanto una segunda relación como una cana al aire de vez en cuando. Si eres guapete y medianamente educado, es fácil conseguir un ligue en esos sitios. Y mucho menos expuesto que salir por ahí…”


¿Cómo se funciona desde el otro lado, desde el de los celosos? ¿Nos han hecho más suspicaces las nuevas tecnologías?



“Al principio de la relación, me acostumbré a mirar los SMS de mi pareja”, confiesa Pilar Álvarez, zaragozana de 35 años y, tras cinco de convivencia, de nuevo en la soltería. “Le cogía el móvil cuando no se daba

cuenta y leía todas las bandejas, hasta las de los borradores. Era de locos, porque coqueteos intrascendentes que me hubieran parecido normales en un bar, ahí me sacaban de quicio. Un “hola, guapa”, podía

amargarme el resto de la semana. Estuve así un par de meses. Luego decidí no volver a mirarlo porque me di cuenta de que me iba a volver loca. La relación de Pilar hizo aguas por sucesivas diferencias

irreconciliables con nombre femenino.


Cabría pensar que en la selva de Internet, las posibilidades de cazar a un cazador se reducen. El común de los celosos puede no estar al día de las posibilidades de rastreo que ofrece un PC. No es extraño, además,

que el infiel que trisca por lo virtual sepa borrar las huellas de sus correrías. Sin embargo, la misma red que sirve al infiel para sus escarceos puede ofrecer al celoso la información necesaria para saltarse tales

obstáculos.


Y, por supuesto, siempre está la posibilidad del desafortunado golpe de suerte. “Cuando se quedaba en mi casa, mi novio solía abrir su Facebook en mi ordenador”, cuenta José Antonio Suárez, asturiano de 28 años.

“Un domingo se le olvidó quitar las claves antes de irse, de forma que me pasé dos meses leyendo sus conversaciones privadas, sus mensajes y las cosas que escribía en los muros de terceras personas  a las que yo no

tenía acceso. Descubrí que mantenía una correspondencia romántico-sexual con otros dos hombres, además de enterarme de lo que realmente pensaba de nuestra relación. Puse fin a la historia, aunque ahora dudo

si fue la decisión correcta: al fin y al cabo, no llegué a saber si realmente se veía con alguien y todos tendemos a exagerar según qué cosas cuando estamos enfadados…”

ACCESO AL ORDENADOR


Es difícil, no obstante, que un usuario casero averigüe las contraseñas de su pareja, pero sí puede saber las páginas ha estado mirando. O, a través de webs como Spokeo.com, acceder a toda su actividad on-line.


“El acceso físico al PC de alguien permite ver sus datos privados (fotos, documentos, registros de mensajería instantánea…) Si el usuario no se ha preocupado de salir (log off) en las sesiones de las redes sociales,

gracias a las cookies (pequeños archivos  que algunos sitios webs guardan en el ordenador), puedes acceder, además, al perfil de esa persona y suplantar su identidad”, explica Lorenzo Martínez, experto en

seguridad informática de Security by Default, uno de los blogs en español de referencia.


¿Y si el celoso sufridor está obligado a espiar a distancia? “Mediante un email, por ejemplo, se puede instalar un troyano en el PC”, continua explicando Martínez. “Se trata de un programa con una doble cara: por un

lado, hace algo atractivo para el usuario y, por otro, permite acceso remoto al ordenador de la víctima. A partir de ahí, la máquina, lo que hay dentro y lo que vaya a haber es tuyo. Otro tipo de malware (programa

envenenado) que se puede usar es un Keylogger: permite leer las pulsaciones del teclado, esto es, toda la información, pertenezca o no a redes sociales o mensajería instantánea”. Tan fácil, que da miedo.



Pero aunque los celosos desarrollen sus pesquisas en el mundo virtual, las consecuencias, a menudo, no son virtuales, sino reales. Muy reales. Y en ocasiones, trágicas. El 15 de junio de 2012 salía en libertad en Madrid,

con brazalete electrónico y varios juicios pendientes por violencia y malos tratos en el ámbito familiar, José Wilmer. El último episodio violento referido por su pareja comenzó cuando este le pidió que le enseñara el

contenido de su correo electrónico. Al negarse ella, destrozó su móvil, tiró al suelo su ordenador y la violó.


En marzo de 2010, Paul Bristol, un informático de Trinidad y Tobago, recorrió los 6500 kilómetros  que le separaban de Londres para asesinar a su exnovia, después de haber visto en Facebook que salía con otro hombre.

La mujer, Camille Mathurasingh, de 27 años, recibió 20 puñaladas solo por colgar en su perfil una fotografía con su nuevo novio.


POR MENOS DE 100 EUROS


En las agencias de detectives  saben bien de la inquietud que los espacios virtuales suscitan en los cibercelosos. De hecho, las consultas relacionadas con chats, webs de citas y redes sociales no hacen más que

aumentar. “Recibimos muchas peticiones  para investigar los chats o averiguar las claves de Facebook”, confirma José María Alonso, de Zenith Detectives. “Pero aunque los clientes nos solicitan cada vez más este tipo

de servicios, es algo que no hacemos. Sencillamente, porque es ilegal: estaríamos invadiendo la intimidad de la persona. La única forma de demostrar una infidelidad es a la antigua usanza: seguimiento y grabación

en vídeo. Meternos en las redes sociales no nos interesa. Legalmente, no tendría validez y estaríamos cometiendo un delito.”


Sin embargo, sí que hay quien invade territorios vedados para llevar a cabo sus investigaciones: por menos de 100 euros, un hacker puede enviar las contraseñas que un celoso necesita para confirmar sus sospechas.

La mayoría (en un 80%) de las peticiones recibidas por el experto informático consultado son mujeres.


Patricia Suárez, abogada barcelonesa de 37 años, inició una relación con un hombre casado, un amigo de un amigo al que conoció en Facebook hace un año. Ahora sufre en carne propia los delirios de una mujer

celosa. “Trabamos conversación en el muro de un amigo común y nos aceptamos de amigos en Facebook. Yo supe es todo momento que estaba casado porque lo ponía en su perfil, pero pensé que no era

problema mío. Tras unas semanas de intercambiar comentarios, vídeos de música y demás a través de la red social, quedamos y enseguida comenzamos a  mantener una relación sexual sin más pretensiones.”



Patricia dejó de poner cosas en el muro de su nueva pareja. “Por aquello de la discreción”, comenta, “Pero su mujer ya sospechaba de mí: nadie sabía nada de mí, no me ubicaba. Entonces tuvo el descaro de

pedirme como amiga. No supe cómo reaccionar y la admití. Ella comenzó a acosarme. Me dejaba mensajes desagradables en mi muro de Facebook que no me interesaba que vieran mis amigos o mi familia, por no

hablar de compañeros de trabajo. La borré, pero me enviaba mensajes de mail y supe que se había enterado de dónde trabajaba y vivía. Por supuesto, terminé la relación. No me compensaba.”


Está visto: redes sociales, chats y plataformas de ligue suponen una auténtica prueba de fuego para la confianza en la pareja. ¿Cómo negarle a nuestra media naranja la amistad en Facebook? Imposible. Como lo es

controlar lo que amigos, conocidos y ex nos digan en nuestros muros: la discreción no es una virtud al alcance del común de los mortales.


La Universidad de Guelp (Ontario, Canadá) publicó hace unos años un estudio en la revista “Cyber Psychology &Behavior” acerca de los celos y las complicaciones que conllevan las redes sociales titulado “Más

información de la que jamás deseó: ¿Despierta Facebook al monstruo de los celos?” Este concluye  que el 74% de las personas mantiene a sus exparejas como contacto, y que este factor es el desencadenante de la

mayoría de las discusiones conyugales relacionadas con los celos. Además, el 95% de los usuarios admite que ha buscado a sus antiguos novios y novias a través de la red. La paranoia está servida.


Los investigadores encontraron que quienes pasan más tiempo en las redes sociales, especialmente en Facebook, están más expuestos a información sobre sus parejas que los ponga celosos. Y esto, en vez de

disuadirles de reincidir en el espionaje, les lleva a pasar aún más tiempo en estos salones virtuales.


Escudriñar supuestos indicios de infidelidad que siguen alimentando la sospecha se vuelve una adicción. “El uso de Facebook puede estar alimentando el apetito de investigar los engaños de las parejas, pues los

usuarios que están en una relación perciben pistas de potencial infidelidad con mayor facilidad y se empeñan en encontrar evidencia que delate al compañero sentimental”, afirman las autoras de la investigación.


“Las redes sociales, el correo electrónico y el móvil fomentan todavía más los celos. Sin duda, es una situación explosiva”, confirma Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País

Vasco y coautor de “Celos en la pareja: una emoción destructiva”. “El celoso puede llegar a pensar que ese novio que su pareja tuvo antes que él le hace más feliz que él. Las redes sociales incrementan las

posibilidades de que aumenten los celos patológicos, infundados, pero en relaciones deterioradas o en las que un componente de la pareja tiene un nivel de inseguridad grande. Cuando el vínculo es bueno, es de

calidad, es raro que suceda.”


Doble chek


Está claro: Facebook (y compañía) nos confunde. Hasta el punto de convencernos de tirar por la borda relaciones que (todavía) no están condenadas al fracaso. Sin embargo, la razón última de este tipo de

descalabros difiere si hablamos de hombres o de mujeres.


David Buss, catedrático de Psicología Social de la Universidad de Austin (EE.UU.) y autor de numerosos trabajos de investigación, revela que el 60% de ellos está más preocupado por la fidelidad sexual de sus parejas

, mientras que al  84% de ellas le afecta a la posibilidad de un vínculo afectivo profundo.


Lo que une a ambos sexos, en cambio, es el sufrimiento  que los celos ocasionan: tristeza, ansiedad, miedo, ira, rabia, enojo, envidia, pena, humillación, inquietud, dificultad para conciliar el sueño, taquicardia,

sudoración, dificultad para respirar, llanto, gritos violencia, agresividad…




NO NECESARIAMENTE DESTRUCTIVOS
“En el caso de los hombres, los celos se manifiestan más frecuentemente en forma de irritabilidad e ira; en las mujeres aparece más la depresión, la culpa y la baja autoestima, dolores de cabeza, fatiga, insomnio…”

, explica Echaburúa. “Otras veces, los celos se asocian a problemas de abuso de alcohol, sobre todo en los hombres. En realidad, pueden ser causa o consecuencia: servir para mitigar los celos o propiciar delirios

celosos”.
¿Estamos entonces ante una emoción 100% destructiva? “No necesariamente. Fuera de los límites de lo patológico, se trata de una emoción que no debe avergonzarnos”, aclara el catedrático vasco. “Es un

sentimiento que se debe aceptar porque es consecuencia  natural de la relación afectiva y denota un interés hacia la persona querida, a la que se considera valiosa. Es, también, una emoción universal, aunque

muchas veces se asocie  con el temperamento latino. Quizá nuestra expresión sea más evidente, pero afectan a todas las relaciones de pareja.”


La relación se torna peligrosamente celosa cuando entran en juego el sentido de posesión, el temor a la pérdida y la sospecha o certeza de que hay un rival. Como describe el profesor Echeburúa, “el celoso

patológico amarga y destruye a la persona de la que siente celos con determinadas conductas de vigilancia y control sobre ella: desde olerla hasta vigilar su correo electrónico. Incluso puede llegar, cuando no

puede retener a su pareja, a decidir acabar con su vida antes de perderla.”


DIEZ REGLAS PARA EVITAR LOS CELOS EN LAS REDES SOCIALES
1.-Si es posible, acuerde con sus parejas no admitirse mutuamente como amigos de Facebook para evitar suspicacias. Si no logra el pacto, recurra a las demás reglas.


2.-No navegue a escondidas o, incluso, hágalo con su pareja. Demuestre que no tiene nada que esconder.


3.-Pase menos tiempo en Facebook, sobre todo si le dedica más tiempo a la red social que a su relación sentimental.


4.-No admita a sus exparejas entre sus contactos. La simple familiaridad recobrada puede ser origen de infinitos conflictos.


5.-Cambio de opciones de privacidad para que su pareja solo pueda ver determinados contenidos (por ejemplo, solo los publicados por usted)


6.-Impida que le etiqueten en fotos donde aparezca con antiguas parejas. La felicidad pasada suscita todo tipo de emociones adversas en los celosos.


7.-Evite el lenguaje ambiguo, las referencias sexuales o la terminología del cariño: lo que para usted es un juego intrascendente puede significar un síntoma de traición para su pareja.


8.-Procure informar a su celosa media naranja de la identidad de los amigos que no comparten: no deje volar su imaginación más de lo necesario.


9.-Impida que le cuelguen o, directamente, borre los regalos que amigos o ex pueden dejar en su muro, como ramos de flores, ositos de peluche, gatitos mimosos y similares.


10.-Procure no admitir a personas que no conoce solo porque comparta alguna afición a juego online. Puede tratarse de un perfil falso creado por su pareja para espiarle.


Última actualización en Viernes, 28 de Diciembre de 2018 18:26
 
Rohollah Balvardi
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